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viernes, 6 de septiembre de 2024

«No tengo dinero». Las excusas que nos damos para no leer nos resultan costosas.

¿Son los libros realmente caros? ¿Cuánto vale un libro?

El precio podemos entenderlo como una cifra de dinero que se le asigna a un producto o a un servicio. El valor por su parte, podemos definirlo como la importancia o la ventaja que ese bien o ese servicio le da al comprador o al vendedor. Generalmente, si yo creo que algo es valioso pagaré un precio elevado por ello. Por ejemplo, si tengo que hacerme una operación para poder seguir viviendo (un valor altísimo, incalculable) pagaré casi cualquier cosa, podré quedarme en bancarrota, pero seguir vivo es prioritario. Si tú anhelas algo porque es valioso para ti (o crees que lo es), pagarás en esa proporción. Pues los libros, en general, tienen un desbalance enorme entre esas dos variables: Su valor puede ser incalculable y su precio ser ridículamente bajo. El precio y el valor deberían ser dos cosas que tengas en cuenta antes de gastar tu dinero. 

Te explico lo anterior porque muchos podemos decir que los libros son caros y por eso no leer. Eso es porque no somos conscientes del valor real del libro. Si me devuelvo al pasado, cuando compré Los cuatro acuerdos del Dr. Miguel Ruiz, al día de hoy, el precio del libro oscilaría alrededor de los 12 dólares americanos. Pero ese libro me ayudó a liberarme de los paradigmas más crueles que puede tener una persona: aquellas ideas que te hacen pensar que tú no vales, que estás dañado. Recuerdo estar leyendo y llorar al encontrarme con la verdad, ver esa luz que se ocultaba de mis ojos. Recuerdo cómo cada palabra entraba en mi mente y zarandeaba mis creencias más fuertes; después de leer comprendí que mi mundo giraba alrededor de unas creencias basadas en miedo, y que creer en eso me hacía odiarme. Ese fue el punto de partida para iniciar mi camino de desarrollo personal que hizo posible estar hoy aquí escribiéndote a ti. Si ves mi ejemplo, ¿Cuánto habría dado hoy por liberarme de aquellas ideas que me hacían infeliz? ¿Cuánto darías tú por algo así? Lo que me pasó es un milagro, y los milagros son cosas extrañas que no ocurren a menudo, por lo que su precio es altísimo, pero a mí me costó 12 dólares. 

Hay dos tipos de personas, por lo menos, leyendo esto. 

Los primeros, los que en realidad no tienen esos 12 dólares. Empecemos por ustedes. Pues si vives en un país como el mío, habrá una que otra biblioteca ¿Sabías que en esos extraños lugares (donde la afluencia mensual de gente no es ni la octava parte de lo que ingresa a un centro comercial el fin de semana) llenos de silencio, mesas y sillas, te dejan leer de manera gratuita? Pero ¿Qué haría que tú salieras de la comodidad de tu casa, dejaras tu celular, dejaras esa publicación pendiente o ese vídeo de gatitos para otro día y te fueras una hora a la biblioteca? Lo único que te motivaría a hacer eso sería que consideres que allí puedes encontrar lo que yo encontré con mis 12 dólares: «hacer clic». Esto es, comenzar a cambiar tu forma de ver el mundo, llenarte de herramientas para ser una mejor mamá, un mejor novio, una mejor hija o hijo, un mejor ciudadano, un mejor individuo; para comenzar a ser feliz. Si creyeras que de verdad eso podría pasar no irías una hora solamente. Pero ahora, yo te digo: es verdad. Si tú comienzas a leer, de manera tranquila y pausada, sin prisas, pero sin pausas, consciente del proceso y no de la meta, tu vida comenzará a cambiar porque tu mente comenzará a cambiar. Tú que dices que no tienes esos doce dólares, no te preocupes, sólo convéncete de que la lectura te puede cambiar la vida, muévete de ese sillón y ve a la biblioteca. 

Te aconsejo que le pidas al bibliotecario temas acordes a tus intereses, y si te da pena hablar con el agente bibliotecario, déjame un comentario con lo que te preocupa o en lo que quieres mejorar tu vida, y yo te responderé con uno o dos libros que te ayuden a «hacer clic». 

El segundo tipo de persona puede comprar libros, pero su inercia la mantiene amarrada a las cosas menos importantes. La inercia es esa fuerza invisible que nos orienta a permanecer en una línea de comportamiento y a no cambiar. La inercia es un componente esencial de nuestro cerebro primitivo, pues nuestros antepasados veían en el cambio un peligro de dejar de existir: si cambiaban de costumbres era posible hacer enfadar a los dioses, si cambiaban su morada podrían ser víctimas de otras tribus. Así, era mejor permanecer en una línea de acción, en lo conocido. Pero el mundo ha cambiado y sólo aquel que asume el cambio de manera proactiva puede asimilarlo y sacarle provecho. Actualmente, la mayoría de cosas que vemos nos incitan a estar hiperconectados todo el tiempo, a soportar un aluvión de información que nos deja agotados y sin energía. Pelear en Facebook o Twitter (ahora X), exponer tu vida en Instagram, o el scrolling* infinito para reírse un rato, son actividades que nos consumen y nos roban capacidad de concentración, nos dispersan. Cuando pensamos en la lectura, pensamos en una actividad que no es acorde a nuestra línea de acción actual: la gratificación inmediata de la hiperconectividad. Es tardado, es lento, debes concentrarte y por eso tu cerebro te dice ¡Es muy caro! Pero en realidad es más caro no leer. Es más costoso para el ser humano perder su vida en la hiperconexión mientras sus relaciones se deterioran, su cuerpo enferma, su cerebro se inflama, sus años acaban y esa sensación de infelicidad sólo aumenta. Entonces, la inercia te mantiene ligado a actividades que no son importantes mientras te alejan de las que realmente son valiosas y tu pagas el precio más alto de todos: tu vida. 

Mientras releía el libro Los cuatro acuerdos, hace poco para mi club de lectura, mis lagrimas asomaban curiosas y mi cuerpo se estremecía al recordar. La memoria emocional es espectacular, mágica. Yo leía y sentía esa emoción fuerte en mi pecho, pero no sabía por qué era especialmente fuerte y empecé a recordar. Recordaba cómo me odiaba por sentir que me gustaban otros hombres y querer que no fuera así, me odiaba por mis malos hábitos, por la pornografía, por mi cuerpo con sobrepeso y por mi apariencia. Me odiaba porque me sentía prisionero, un esclavo sin derechos en un mundo que también me odiaba y a todo esto, un Dios que también lo hacía. Cuando leía el libro me leía a mí. 

«De modo que el siguiente paso es volverte consciente de todas las creencias que te limitan, se basan en el miedo y te hacen infeliz.» Los cuatro acuerdos, capítulo 6. Dr. Miguel Ruiz

Entendí y empezó mi camino de reconciliación conmigo, con mi pasado, con el mundo y con Dios. Era algo tan fuerte que recordé las palabras de Jesús «conoceréis la verdad y la verdad os hará libres», ese fue el comienzo de mi libertad personal. A partir de ahí comencé a entrenar mi mente y me aventuré a amar. Esa aventura llevó al día de hoy 6 años de éxito con uno de los hombres más compasivos y amorosos de todos los tiempos, quien también es mi editor. Ahora me veo a mí mismo y pienso que si hubiera sabido dónde me iba a llevar esa lectura, hubiera pagado mucho más. 



¿Por qué nos parece caro? 

Pues porque no tenemos el dinero o por otra razón más potente. Las cosas que de verdad importan, el crecimiento verdadero, lleva tiempo y es un resultado de la acumulación de potencial a lo largo de un periodo. Tú no cambias de cuerpo de la noche a la mañana, sino con esfuerzo y buena comida. Tú no tienes un capital elevado y libertad financiera de la noche a la mañana, sino con buenos hábitos financieros y un índice de ahorro elevado. Tú no consigues la pareja ideal de un día para otro, sino que se va generando con el mimo, los detalles y el cuidado en el tiempo. Tú no transformas tu cerebro y tus reacciones de un día para otro, sino que ese cambio es fruto de los libros que vas leyendo, las reflexiones que haces, los errores que cometes, lo que escribes y la práctica de lo que lees. Todos esos resultados son los que valen la pena, pero requieren acumulación y tiempo, por eso la mente los menosprecia y los relega a un segundo puesto. El primer puesto lo ocupan, erróneamente, las cosas que ocurren rápidamente y que nos ofrecen una gratificación instantánea: una relación furtiva, sexo casual, un vídeo porno, una inversión arriesgada y apresurada, las redes sociales y los chismes. Concéntrate en generar y cuidar aquellos hábitos que generen acumulación en el tiempo; el tiempo pasará igual si lo haces como si no, pero si lo haces verás resultados que te sorprenderán. 

*Scrolling es la tendencia actual de pasar y pasar el dedo por la pantalla del móvil sin un objetivo claro en mente.

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Un abrazo y hasta el próximo libro. 


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